Romanos 12:18.
Al mismo tiempo que de la oración, hay que depender de la educación, enseñando a los niños que no sólo deben amar a su país, sino también a los demás países del mundo; “hay que infundirles el entusiasmo de hacer tan grande su nación, que todos los demás la amen en vez de temerla y aprendan de ella la generosidad y la cortesía hacia las naciones más débiles”. Esta labor debe empezar con los niños pequeños y seguir con los jóvenes y con todos; así se hará ambiente contra la guerra y a favor de la paz.