2 Timoteo 2:15.
En una de las grandes batallas de la Guerra Civil, en Estados Unidos de N.A., un recluta que había perdido su compañía durante una gran confusión, se aproximó tímidamente al general Sheridan y le preguntó que a dónde debía entrar. —¿Entrar? —rugió el general con una voz de trueno tan terrible que aterrorizó al ya asustado recluta, más que todo el cañoneo y el estruendo de los mosquetes—, entra a dondequieras; se está combatiendo en toda la línea.
Cualquiera vida resplandecerá de belleza, y se levantará en grandeza si en todo servimos conscientemente al Señor. —Ian Maclaren.