Jerusalén vencida, fue abrasada Por mano de soldados extranjeros; Cayeron en el polvo sus guerreros, Pasados por la punta de la espada.
A Babilonia el vencedor traslada, En medio de sus bárbaros arqueros, Millares de infelices prisioneros Que se vuelven mirada por mirada.
Las cautivas estampan entre tanto El blanco pie desnudo en las arenas, Y van volviendo el rostro al templo santo;
Y al ver el templo, el muro y las almenas Entre humareda y llamas, nuevo llanto Sus manos humedece y sus cadenas.
Manuel Carpio.