Cuando yo llegue a la vida mejor, Donde hay descanso de todo dolor, Y “Bienvenido” me diga el Señor, ¡Qué aurora tan bella será!
¡Cuando en su gloria contemple al gran Rey, Con todos los redimidos por fe, Siempre a su nombre ensalzarlo podré: ¡Qué aurora tan bella será!
Cuando yo deje esta vida y su cruz, Cuando yo vaya a estar con Jesús, Cuando le mire en su fúlgida luz, ¡Qué aurora tan bella será!