LUCIO QUINCIO CINCINATO BUEN AGRICULTOR, GOBERNANTE Y MILITAR.

1 Samuel 9:1-5, 20; 10:2b; 14; 11:1-13.

Puede decirse que esto era Lucio Quincio Cincinato, quien vivió por los años 519 a 439 a. de J.C., y era un rico patricio. Por un delito que cometió su hijo Caeso, tuvo que pagar una multa y quedó en la ruina. Entonces se dedicó a la agricultura: trabajo que fue su principal ocupación en el resto de su vida. En Roma se tenía un problema legislativo: se discutía la ley Terentilia Arsa, sostenida por tribunos; y los patricios hicieron que a Cincinato se le nombrara cónsul.

El cónsul romano era un magistrado que durante un año sobrellevaba las responsabilidades que le imponía la primera magistratura de la República, y disfrutaba de los derechos que eran propios de ese puesto. Dos cónsules actuaban al mismo tiempo durante el mismo año.

Cincinato estaba trabajando en sus campos que tenía cerca del Tíber cuando unos lictores le notificaron el nombramiento, el cual aceptó aunque sintió tener que abandonar sus trabajos agrícolas. En el año de su consulado restableció la tranquilidad entre los tribunos y los plebeyos. Al terminar el año volvió a sus actividades de campo aunque el Senado quería que continuara como cónsul, lo cual Cincinato no aceptó.

Cuando los volscos, los ecuos y los aqueos intentaron apoderarse de Roma, el senado nombró dictador a Cincinato, le concedió poderes absolutos, y fue a notificarle tal designación: Lo encontraron cuando estaba con la mano en el arado cultivando sus tierras. Aceptó el nombramiento, fue a Roma y el pueblo lo recibió con júbilo. Después se puso al frente de las legiones romanas, dirigió los combates, y derrotó, uno por uno a todos los enemigos de su patria. Regresó a Roma victorioso, con un rico botín habiendo asegurado para ella la paz internacional, a lo menos por lo pronto; y renunció al poder que se le había otorgado. El senado y los cónsules quisieron nombrarlo dictador por segunda vez, aunque ya tenía ochenta años de edad; pero el no cedió a sus instancias, y regresó a su finca para seguir cultivando la tierra y vivir como un simple ciudadano.

En todos los cargos que desempeñó Cincinato, demostró que era un hombre de vida recta, honrado, íntegro, hábil como estratega militar y legislado, y poseedor de un patriotismo intenso y puro. — A.L.

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