Salmo 1:3; Proverbios 4:18; Mateo 5:14; Efesios 5:19; Colosenses 3:16.
Hace más de doscientos años que los cristianos no tenían bonitos himnos como los tenemos ahora. Todo lo que existía, en cuanto a canto se refiere, era algunas malas versiones de los Salmos e himnos mal arreglados.
Un muchacho que siempre asistía a los cultos, salía disgustado de los himnos, hasta que un día fue y le dijo al su padre:
— Padre, ¿por qué cantan himnos tan feos en el templo?
—Si no te gustan — le contestó duramente el padre,— escribe otros mejores.
Isaac Watts, que así se llamaba el muchacho, no se disgustó sino que ese mismo día escribió un himno y lo llevó para que lo cantaran en la iglesia. El himno gustó tanto, que rogaron al muchacho que escribiera otros, a lo cual él accedió gustoso. Escribía himnos cada vez que sentía deseos de hacerlo, y continuó escribiendo durante toda su vida. Uno de los himnos más hermosos que escribió y que se ha traducido a muchos idiomas es: “Al Contemplar la Excelsa Cruz”. Otro de sus hermosos himnos es: “Dominará Jesús el Rey”.
Este muchacho, a los siete años estudiaba gramática y latín; a los nueve aprendió el griego; a los diez el francés; y a los trece el hebreo. A los quince aceptó a Cristo como su Salvador y a los veinticuatro predicó el primer sermón y continuó predicando y escribiendo himnos hasta una edad avanzada, pues murió a los setenta y cuatro años de edad.
Que la vida de este gran siervo de Dios pueda servir de ejemplo a todos los niños, y que entreguen su vida al Señor ahora que están en la flor de la vida, pues quién sabe cuántos irán a ser personajes distinguidos en la obra del Señor como lo fue Isaac Watts.