Hechos 10:24-48; 11; 12; 13; 14; etc.
Un hombre que era un cristiano sincero se interesó en evangelizar a la gente de los países lejanos.
Al principio oraba de esta manera: “Señor: salva a los paganos.” Y oraba con toda sinceridad.
Después cambió la forma de su plegaria, y la pronunciaba así: “Señor: manda misioneros a fin de salvar a los paganos.” Y oraba más fervorosamente.
Más tarde oraba con estas palabras: “Señor: si tú no tienes otro a quien enviar, envíame a mí.” Y oraba con todo el fervor de su alma.
En seguida comenzó a orar con toda humildad de la siguiente manera: “Señor, tú sabes que soy sincero: envíame a mí; pero si no quieres enviarme a mí, envía a otro.”
No estaba contento con esa manera de orar, y entonces oró así: “Envía a quien tú quieras; pero ayúdame a pagar parte de los gastos.” Al orar así se dio cuenta de que había encontrado la manera de orar correctamente. —Ernest Worker.