LAS AVES, LOS LIRIOS Y LA HIERBA DEL CAMPO

aves-lirios-campo“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: No trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.” (Mateo 6:25-34; Ver también Lucas 12:22-31).
La Biblia nos describe una serie de aves que hemos de considerar inmundas, y, por consiguiente, inadecuadas para la alimentación de los humanos:

“Y de las aves, éstas tendréis en abominación: no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor, el gallinazo, el milano según su especie; todo cuervo según su especie; el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie; el buho, el somormujo, el ibis, el calamón, el pelícano, el buitre, la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago.” (Levítico 11:13-19). (Ver también Deuteronomio 14:11-20).

En el Antiguo Testamento, las únicas aves limpias para los sacrificios al Señor eran las tórtolas y los palominos:
“Cuando pecare en alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó, y para su expiación traerá al Señor por su pecado que cometió, una hembra de los rebaños, una cordera o una cabra como ofrenda de expiación; y el sacerdote le hará expiación por su pecado. Y si no tuviere lo suficiente para un cordero, traerá al Señor en expiación por su pecado que cometió, dos tórtolas o dos palominos, el uno para expiación, y el otro para holocausto”(Levítico 5:5-7). (Ver también Levítico 12:6-8; Lucas 2:21-24).

Por Jeremías sabemos que se conocían las costumbres migratorias de algunas aves:
“Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio del Señor.” (Jeremías 8:7).
Y por el texto del profeta Amós sabemos que también se practicaba la caza de las aves con red:
“¿Caerá el ave en lazo sobre la tierra, sin haber cazador? ¿Se levantará el lazo de la tierra, si no ha atrapado algo? (Amós 3:5).

Los pájaros son símbolos de la libertad del reino del aire y de la luz. Son un ejemplo del cuidado de Dios al proporcionarnos el alimento, al igual que las flores lo son en el suministro de nuestro atuendo. En el hebreo bíblico no existe un término para “pájaro”, sino que el término más próximo sería “sippor”, que traducido literalmente sería “gorjeador”. Esta debió de ser la palabra empleada por nuestro Señor Jesucristo para referirse a las aves del cielo.

Jesús estaría pensando en los gorriones, los más abundantes pájaros de su contexto, y respecto de los cuales sabemos por la versión que nos da Lucas que no eran muy valorados, por cuanto se vendían a muy bajo precio:

“¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.” (Lucas 12:6-7).

Esto significa que nuestra vida no depende de un hilo, ni de muchos hilos, sino de la providencia divina. Jesús nos asegura que estamos en las manos de Dios, quien nos conoce por nombre y nos ama con amor de padre y madre. Esto debería ser suficiente para que desaparecieran de nosotros todos los sentimientos de inferioridad y culpabilidad. No tenemos razón para sentirnos ni huérfanos, ni abandonados, ni olvidados. El barro del que estamos hechos es básicamente el mismo material del que están construidas las más brillantes estrellas.

Ahora bien, nada en este texto señala que el trabajo y el esfuerzo sean malos en sí mismos, sino la ansiedad como señal inequívoca de desconfianza en el Señor. Pecamos cuando bajo el pretexto de confiar en la providencia divina abandonamos nuestro deber, e igualmente caemos en el pecado cuando obramos afanosamente por desconfianza en las promesas del Señor. Lo que más aprecia el Señor del hombre es la confianza. Y lo que más dolor le produce es nuestra desconfianza, o cuando obramos de manera mercantilista,. buscando la recompensa.

Respecto a la expresión “añadir a su estatura un codo”, no debemos entenderla literalmente, pues el término “estatura” es el griego “elikían”. Y aquí conviene tener presente que “elikía” es tanto estatura como “edad”. Es decir, que el Señor aquí nos está diciendo que el hombre no puede añadir duración a su vida fuera de la voluntad divina:

“Hazme saber, Señor, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto. Y mi edad es como nada delante de ti, ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Ciertamente como una sombra es el hombre, ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.” (Salmo 39:4-6).  (Ver también Lucas 2:52; 19:3; Juan 9:21, 23; Efesios 4:13; Hebreos 11:11).

Respecto a los lirios y la hierba del campo, son figuras que nuestro Señor toma del entorno de su ministerio. Palestina era tierra de flores y pastizales. El término griego “krína” corresponde a una serie de plantas como los gladiolos y las anémonas. Estas dos figuras –los lirios del campo y la hierbaapuntan hacia la primavera y la explosión de vida que siempre fue asociada a la esperanza de la resurrección. Al mismo tiempo, su efímera duración, particularmente después de haber sido cortadas, convierte a las flores en símbolo de la transitoriedad de la existencia del hombre en este mundo. El salmista contrasta la brevedad de la vida terrenal de los humanos con la inmensidad de la misericordia divina:

“El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más. Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.” (Salmo 103:15-18).

Cuando el pueblo de Dios olvida al Señor y su Palabra, se asemeja a una flor marchita, pero cuando es dirigido por un rey fiel al Señor, florece la justicia y la paz del Señor. La vinculación del hombre con Dios en la sumisión a la voluntad del Señor se simboliza frecuentemente como floración:

“¡Ay de la corona de soberbia de los ebrios de Efraín, y de la flor caduca de la hermosura de su gloria, que está sobre la cabeza del valle fértil de los aturdidos del vino!… Y será la flor caduca de la hermosura de su gloria que está sobre la cabeza del valle fértil, como la fruta temprana, la primera del verano, la cual, apenas la ve el que la mira, se la traga tan luego como la tiene a mano.” (Isaías 28:1, 4).

“Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.” (Salmo 72:7).
“Y Moisés habló a los hijos del Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en total doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos. Y Moisés puso las varas delante del Señor en el tabernáculo del testimonio. Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.””(Números 17:6-8).

En las páginas del Nuevo Testamento vuelve a aparecer la figura de la flor para describir la transitoriedad de la vida del hombre, particularmente como enseñanza para que los ricos no pongan sus esperanzas en sus riquezas, sino que sean generosos y dadivosos:

“El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.” (Santiago 1:9-11).

“A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.” (1ª Timoteo 6:17-19).

Antiguos viajeros a Palestina, como el Dr. Thomson (“Land and Book”) (“La Tierra y el Libro”), Stanley (“Sinai and Palestine In Connection With Their History”) (“El Sinaí y Palestina en Relación con su Historia”), y Canon Tristram (“Natural History of the Bible”) (“La Historia Natural de la Biblia”), identifican los lirios a los que Jesús alude con la “anemone coronaria”, que todavía pueden hallarse al pie del monte Tabor, en su cara norte, y en las colinas de Nazaret, donde Jesús pasó su juventud.

Comments

  1. Rodrivgo Villegas says

    Qué comparación más hermosa la del Maestro Jesús! contrastar las preocupaciones de nuestra vida siendo hijos de Dios con las de las aves del campo que ni siquiera piensan en el futuro. Cada cierto tiempo me doy cuenta cuan necio soy al preocuparme del futuro al punto de enfermarme por trabajar, muchas veces digo: “debo trabajar duro, porque si no lo hago, no tendré como sostenerme y nadie hará nada por mi”, cuando en realidad la vida no solo es una responsabilidad que cumplir, si no un regalo que Dios nos dio para gozarnos en ella, compartir, amarnos a nosotros mismos y a nuestro prójimo y sobre todo: relacionarnos con El en amor. ¡Cuán distintos son mis días cuando pongo en ellos a Dios en primer lugar, en vez de las responsabilidades del trabajo y la familia! realmente buscar el Reino de Dios primero debería ser nuestra lucha diaria, todo lo demás vendrá fluyendo tranquilamente como un río.

    Gracias por compartir este texto

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