¿CÓMO CONTESTAREMOS LA PREGUNTA DEL ETÍOPE?

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Una Pregunta Sobre La Biblia Y La Cultura
Hace algunos años me encontraba participando en un estudio bíblico en el estado de Nuevo México. Los presentes eran miembros de la Iglesia Cristian Reformada del clasis Red Mesa. Estaban presentes hermanos de las tribus de los zunis y los navajos. Uno de ellos me preguntó: « ¿Por qué tenemos que leer esta Biblia anglosajona?» En parte, el hermano apuntaba al problema de que no encontraba el nombre de su tribu en la lista de las naciones en Génesis 10. También su pregunta apuntaba a la identidad e integridad de su cultura ante Dios. Y, dado que de acuerdo a ellos «anglosajón» se refiere a todo pueblo que no sea navajo o zuni, el hermano cuestionaba también la autoridad de la Biblia, un libro con mensaje aparentemente ajeno a la cultura de los navajos y los zunis.

Preguntas Similares Actuales
En la actualidad, gente de varias culturas y grupos étnicos plantean preguntas similares. A menudo estas preguntas nacen de la presuposición que la Biblia representa los intereses de la cultura occidental; con la frase «cultura occidental» se da a entender la cultura europea que ha sido determinada por la .tradición teológica y filosófica cristiana. Esta perspectiva trae varias consecuencias. Por ejemplo, se cree que la Biblia, tal como ha sido interpretada en la tradición cristiana, no debe tener influencia alguna sobre culturas no-europeas.

Y si se acepta que la Biblia tiene alguna autoridad, la misma tiene que depender en gran manera de los intereses sociales de los que la leen: mujeres, amerindios, o cualquier grupo que se vea a sí mismo oprimido por otro grupo que ejerce el mayor poder. En contextos misioneros se insiste en que la interpretación bíblica debe realizarse únicamente desde el presente cultural del grupo, sin tomar en consideración las contribuciones establecidas de los representantes de la cultura dominante. ¿Es aceptable, es verídica, esta perspectiva sobre la Biblia y la misión de la iglesia?

Problemas Con Las Preguntas
Existen varios problemas con este acercamiento que se tiene hacia la Biblia, principalmente con las presuposiciones hermenéuticas. En primer lugar, se cree que la producción de los escritos bíblicos es un proceso puramente humano. No se niega la inspiración, sino que se la define dinámicamente. Es decir, es más bien cuestión del espíritu humano definirse religiosamente utilizando la herramienta intelectual y social disponible en su contexto histórico y social. Esta definición de la inspiración es similar a la que reclaman los poetas y novelistas.

En el fondo esta perspectiva niega un Dios personal y Creador, que gobierna e interviene en la historia humana con su palabra especial. Dado que la inspiración es nada más que un proceso cultural, y que no puede haber cultura más importante que otra, la cultura de los que escribieron la Biblia no puede ser la mejor, ni la más fidedigna. Sucede igual con la historia de la interpretación de la Biblia; se la caracteriza de la cultura de los «otros». Segundo, cuando los historiadores reconstruyeron el proceso cultural que produjo los documentos bíblicos también identificaron un factor social crítico: la opresión de los poderosos hacia los débiles.

Acerca de la historia bíblica, a menudo se señala a la monarquía, el sacerdocio, los levitas y los conflictos entre ellos para ilustrar el liderazgo en la sociedad como ejemplos de esta realidad. Estos grupos y sus conflictos, se arguye, influyeron en la producción de los documentos bíblicos de modo que se produjeron perspectivas monárquicas y sacerdotales que no reflejaban la realidad social del pueblo.

Por lo tanto, es necesaria la exégesis para despojar del texto bíblico todo lo que sea ajeno a los intereses de los grupos humildes que buscan la voz de Dios, una voz escondida por los intereses de los poderosos. Sin esta clase de exégesis, se dice, el texto no es confiable, excepto para los oficiales de la iglesia. Tercero, bajo esta perspectiva se entiende la historia de la iglesia en términos similares: se la ve como un proceso básicamente humano que se caracteriza por el conflicto entre los líderes de la iglesia y el pueblo laico. Es decir, el proceso cultural que produjo los documentos bíblicos y que suprimió los intereses del pueblo, es el mismo proceso que produjo la iglesia «oficial» hasta el día de hoy.

Y, así como la exégesis libera la verdad suprimida de los documentos bíblicos, de la misma manera es necesario penetrar el nivel oficial en la iglesia para llegar a la verdadera comunidad. Hasta hace poco la tendencia consistía en aplicar esta crítica a la iglesia católico romana; hoy en día este espíritu se levanta en sectores importantes de las iglesias evangélicas. Por ejemplo, se promueve la autoridad del creyente para interpretar la Biblia sin intervención de los «profesionales». Esto aparenta basarse en las mejores tradiciones de la Reforma Protestante. Sin embargo, a menudo esta opinión va acompañada de un rechazo total de la historia de la interpretación. El creyente como intérprete no quiere reconocer que es parte de una comunidad y una tradición de interpretación.

Una Cuestión Hermenéutica
Vemos que la pregunta que me hizo el hermano navajo señala a la hermenéutica como factor central para la vida de la iglesia. En este artículo vamos a comenzar a reflexionar sobre algunas presuposiciones hermenéuticas que definen la interpretación bíblica en la tradición reformada.

Comenzamos con la distinción entre la exégesis y la hermenéutica. Con «exégesis» nos referimos a los métodos utilizados para entender el texto bíblico dentro de su propio contexto siempre y cuando sea posible. Estos métodos incluyen la gramática y la sintaxis para poder entender el significado de la interrelación de las palabras y cláusulas de una oración; el conocimiento histórico y cultural para comprender el trasfondo del texto; la retórica o el estudio literario para interpretar las técnicas literarias, las figuras del habla, las metáforas y el saber distinguir entre los géneros literarios.

A diferencia de la exégesis, la «hermenéutica» se refiere a la estructura de la interpretación teológica dentro de la cual se practica la exégesis. La exégesis es guiada por la hermenéutica, seamos que estemos conscientes de ello o no. Por ejemplo, hay cuestiones sobre la función de la cultura en la interpretación bíblica.

Si se cree que la Biblia no es nada más que otro artefacto de la cultura humana, será imposible aceptar que la Biblia tiene la autoridad de evaluar a toda cultura y exigir que se someta a los requisitos de la palabra de Dios: Sin embargo, la iglesia siempre ha confesado que los aspectos culturales de la Biblia no disminuyen la autoridad que ella tiene sobre la cultura. En este sentido creemos que la Biblia es un texto que está sobre la cultura y que reclama que todo sea sujetado a ella, lo cual es un escándalo para muchos. A la vez, hay ciertos aspectos de la cultura de los escritores bíblicos que carecen de autoridad en cuanto a Dios y su relación hacia la creación y la humanidad, como por ejemplo, la cosmovisión ptolemaica que fue reemplazada en la revolución copernicana.

Un segundo ejemplo: las narrativas históricas en la Biblia declaran abiertamente que Dios influye en la historia de su pueblo y de las naciones; que Dios interviene con enfermedades, guerras, sequías y otros fenómenos naturales para que le conozcan (Amós 4). Si uno cree en el Dios de la Biblia y acepta que este Dios gobierna la historia en forma personal, no habrá problema para entender las narrativas bíblicas. Pero si uno es escéptico acerca de la existencia de Dios, su relación con la humanidad y su poder para influir, entonces le será muy difícil entender el significado de la Biblia aunque posea el debido conocimiento gramatical, sintáctico, histórico, socio, cultural, y literario. A la vez, creer en la existencia de Dios y que él es autor de la Biblia, sin valerse del conocimiento gramatical, sintáctico, histórico, y literario tampoco ayudará a entender el significado de las Escrituras.

Felipe Y El Eunuco Etíope
En los próximos artículos comentaremos brevemente sobre algunas pautas hermenéuticas. No habrá nada nuevo–no somos los primeros que leernos la Biblia como para creer que estamos inventando algo nuevo–, somos herederos de la tradición hermenéutica reformada. Aprendamos lo que el Espíritu ha dado a la iglesia para que podamos imitar a Felipe cuando oyó al eunuco etíope leyendo Isaías y le preguntó: « ¿Pero entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. … Entonces Felipe. . . le anunció el evangelio de Jesús»” (Hch. 8:30, 31, 35)
Para enseñar la lectura bíblica debemos de comenzar a responder la pregunta del eunuco etíope.

Para Su Reflexión
1. ¿Cómo contestaría usted la declaración: «Para el bien de nuestras comunidades necesitamos una Biblia latinoamericana»?
2. ¿Necesitan los creyentes maestros para ayudarles a entender la Biblia, o pueden entenderla por sí mismos ya que han recibido el Espíritu Santo?
3. Explique la diferencia entre la exégesis y la hermenéutica. ¿Podemos hacer solamente la exégesis y entender el mensaje de la Biblia para el pueblo de Dios hoy en día?

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